Francisco Sainz de la Maza, con una sólida formación en la pintura catalana del siglo XX gracias a sus años de discípulo del pintor Ignasi Mallol, fue largamente reconocido por sus retratos y paisajes, muchos de ellos repartidos en colecciones públicas y privadas.

"El color fue puesto en juego desde la mesura y sin estridencias, respetando siempre la realidad pero sabiendo darle un toque especial, alado, que convertía sus obras en identificables. Fue un artista cimero dentro de la pintura catalana de su época."